
livres et écrits
Amor literario

Al lado del cementerio San Miguel, al frente del parque perpendicular al el colegio local,
Hay una casa pintada amarilla con blanco, con pisos de baldosa antigua, techos altos en los que se escondían murciélagos y un negocio de cerámica que, hoy, ya no ha de abrir más.
Hace unos años en esa casa vivió una niña con su abuela,
Sus papás trabajaban a diario con la intensión de salir ahí, no por nada malo, pero necesitaban su propio lugar donde vivir.
La niña nunca se dio cuenta de que faltaban recursos, vivía con su abuela inmersa en su propio mundo.
Pintaba cerámicas y lijaba madera,
Contaba las monedas que estaban en un recipiente vacío de margarina, para comprarse dulces en la tienda de la esquina.
En la sala de esta casa, que era su majestuoso palacio, había una “biblioteca” o así le decía, a la estantería en la que se conservaban tesoros literarios.
Eran libros anticuados, llenos de polvo, que no se parecían a los de caricaturas que leía, pero los leyó su abuela, entonces seguramente entre ellos algún tesoro había.
Adentrándose en el léxico de autores cuyo nombre no podía siquiera pronunciar, se forzó por cada oración hasta terminar.
Hoy en día no recuerda ni de que se trataban, solo recuerda lo feliz que estaba cuando cerro su primer libro y de nuevo leyó con orgullo la portada,
“El Secreto” tal vez el libro no más adecuado para una niña de 5 años, fue el cimiento para construir su amor literario.
Cuando se fue de la casa y entro a su nuevo cuarto, midió la recién pintada pared, en donde guardaría su propia colección.
Libro tras libro, alineado en una escala de color, le dio vida a sus sueños y color a su imaginación.
Podía ser una gobernante, o una pobre campesina intentando salir adelante.
Una hada o una sirena,
O una veterinaria que ayudaba al animal que fuera.
Se sumergió en el mundo que le enseño su abuela, cuando le dijo “Esta estantería es igual de tuya que mía, mi vida entera”.
Años más tarde, cada vez que mira, ahora sí, su biblioteca, llena de sus sueños y aspiraciones. No puede verla sin ver, el mueble café lleno de polvo, en el que se conoció por primera vez, a través de un libro, de un tesoro.