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La magia de tenerlo todo

Me levanto y puedo ver cómo los rayos de sol caen solemnemente por las montañas del ziruma. Como las primeras centellas de luz bañan las olas de la playa del rodadero haciéndolas brillar.
Los fines de semana me monto en el carro y paseo por el ligero bosque de Minca, en donde bajo los vidrios, cierro los ojos y respiro oxígeno, puramente oxígeno con un centello de olor a flores y árboles.
Me bajo del carro en nuestro ‘lugar secreto’ y observo las flores, la mariposas de todos los colores, el paisaje montañoso en el que el morro de la ciudad se ve nublado, y el clima tan abrigador me obliga a quedarme un ratico más.
En fechas especiales, recorremos unos 40 minutos, y nos sumergimos en un paraíso tropical. En el cual puedo comer mojarra frita a diario, ver el atardecer juntarse con el beso del ocaso y ver las estrellas brillar sobre Santa Marta.
Cuando voy a ver jugar al ‘Unión’ en el estadio los colores rojo y azul se mezclan entre la multitud con emoción. Puedo ver las montañas y el atardecer, raramente veo a mi equipo ganar… pero la adrenalina, los cantos y la pasión, hacen que nuestras perdidas pasen a segundo lugar.